Comunidades unidas ante los desastres: lecciones del terremoto en la Ciudad de México

Recientemente, la sociedad civil de la Ciudad de México demostró cómo una comunidad empoderada genera vínculos de manera natural que reducen el impacto ante un desastre, y como resultado está mejor preparada y se recupera más rápido.

Aunque construir resiliencia antes estos impactos implica el fortalecimiento de su infraestructura, la generación de sistemas de alerta temprana y procedimientos de respuesta eficientes, también es fundamental abordar las tensiones sociales. En todos los casos, las ciudades y las comunidades que enfrentan menos riesgos ante un desastre son aquellas en las que la cohesión social ya está bien desarrollada e integrada en los sistemas de la ciudad.

Con la creciente frecuencia y severidad de los desastres naturales, entender esto se vuelve crucial.

El 19 de septiembre, durante el 32 ° aniversario del trágico terremoto de 1985 que cobró miles de vidas, la región fue nuevamente sacudida por un fuerte terremoto. Esa mañana, un terremoto de 7,1 grados de magnitud dejó más de 360 ​​personas muertas, entre 150 y 200 edificios destruidos y más de 3,000 estructuras dañadas. A pesar del violento terremoto y sus consecuencias, los mexicanos se armaron de valor y decidieron actuar en lugar de retirarse. Miles de ciudadanos salieron audazmente a las calles para ofrecer su ayuda. Las abrumadoras demostraciones de solidaridad y amabilidad sorprendieron al mundo y a los propios mexicanos. Los centros de donación se llenaron rápidamente de víveres y los hospitales recibían a muchos de voluntarios. Hubo tal exceso de ayuda que incluso algunas instituciones como la Cruz Roja Mexicana, se vieron obligadas a rechazar a algunas de estas personas que se ofrecían.

Esta solidaridad generalizada derivó de la iniciativa y del ingenio de los ciudadanos decididos a apoyar, sin importar su género, condición socioeconómica o capacidad personal. De ahí es que surgieron muchas de las historias inspiradoras: desde músicos de mariachi animando a los rescatadores, psicólogos ofreciendo terapia gratuita a víctimas, restaurantes alimentando a voluntarios, payasos dibujando en plazas públicas con los niños afectados, arquitectos e ingenieros realizando evaluaciones gratuitas de edificios dañados, abogados ofreciendo asesoramiento legal gratuito, compañías y ciudadanos abriendo sus redes Wi-Fi, pequeñas empresas donando todo su inventario, personas abriendo sus casas a extraños hasta adultos mayores o gente con discapacidad levantando cajas o piedras, son solo algunos de los ejemplos interminables de los increíbles actos de valentía de ese día.

Las redes sociales jugaron un papel crítico. En medio del caos y del miedo, se convirtieron en fuentes confiables de información (aunque es cierto que, en algunos casos, de desinformación). El acceso a información confiable hace la diferencia porque tiene la capacidad de salvar vidas y destaca el papel que la tecnología puede desempeñar para superar los desafíos de comunicación durante los desastres. Estas redes activaron a miles de jóvenes capitalinos que crearon un nuevo estándar para la respuesta efectiva ante desastres al comportarse como puentes entre varias comunidades afectadas y fuentes de ayuda.

Un ejemplo es #Verificado19S (abreviatura para verificado el 19 de septiembre), una solución espontánea que comenzó como un grupo de WhatsApp y se convirtió en una plataforma que reunió a desarrolladores de software, economistas, matemáticos y ONG para organizar y verificar diferentes fuentes de información. Este tipo de sistemas y herramientas como los que surgieron podrían crearse de manera anticipada y así enfrentar mejor a los desafíos futuros. Después de un desastre, es esencial reconstruir no solo el entorno físico sino también el entorno social. Los residentes locales podrían involucrarse después de algún desastre y estar capacitados sobre cómo utilizar mejor los recursos disponibles, estamos hablando no sólo de calidad de vida, sino de supervivencia.

Los esfuerzos en materia de recuperación y resiliencia de México seguirán siendo un desafío central en los años que vienen. La resiliencia sólo puede lograrse cuando se abordan las tensiones de una ciudad y existen intervenciones más específicas para la preparación ante desastres. La Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México que lidera estos esfuerzos debe utilizar estas lecciones sobre cohesión social en la ciudad e promover la participación comunitaria e inclusiva en su planificación para asegurar que el futuro de la ciudad sea un futuro en donde todos los ciudadanos puedan prosperar y fortalecer su ciudad juntos.